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Se denomina vulvovaginitis o vaginitis a la infección o inflamación de la vulva y la vagina, lo que puede ocurrir a cualquier edad como consecuencia de diferentes causas, aunque la irritación y la inflamación facilitan el desarrollo de la infección. Como agentes irritantes puede señalarse al uso de jabones, perfumes, cremas espermicidas, productos de higiene femenina en aerosoles, anticonceptivos vaginales, etc.

También la ropa ajustada y de tejido que no permite la transpiración, puede originar el calentamiento y retención de humedad en la zona de la vulva y causar una dermatitis por la obstrucción de las glándulas sudoríparas, tal y como sucede en los bebés con la dermatitis del pañal. Todo ello lleva a que aparezcan síntomas como la irritación y  enrojecimiento de la vulva y la apertura vaginal, picor, inflamación, flujo vaginal, etc.

El problema es que este tipo de afecciones constituyen un caldo de cultivo idóneo para bacterias, virus, hongos y otros tipos de microorganismos patógenos, facilitando el desarrollo de una infección y la prolongación de la misma. Por supuesto la higiene inadecuada es uno de los factores que más incluyen en este sentido; de ahí que la vulvovaginitis sea una afección muy frecuente en niñas prepúberes que todavía no han aprendido a mantener una higiene adecuada de las zonas íntimas.

Entre los procesos infecciosos más habituales que generan la vaginitis hay que destacar los ocasionados por el hongo Candida albicans, causante de la denominada candidiasis y que habitualmente está presente en la vagina de forma natural, si bien comienza a proliferar cuando encuentra las condiciones necesarias para ello. Asimismo, en la vagina hay una flora bacteriana que en estas mismas condiciones pueden empezar a multiplicarse más de lo habitual y producir una infección. Pero la infección también puede provenir del contacto sexual, con la adquisición de una enfermedad de transmisión sexual, como es la tricomoniasis o la gonorrea.

En todos los casos, además del picor, la irritación y la inflamación de la vulva y la vagina, se produce un aumento del flujo vaginal, que puede adquirir una coloración blancuzca, grisácea o verdosa y que tiene un olor fétido. Hay que señalar que en niñas y adolescentes la existencia de sucesivos episodios de vulvovaginitis para los que no se encuentra una explicación puede ser un signo de que están sufriendo abusos sexuales continuados.

Tratamiento de la vulvovaginitis

El tratamiento de la vaginitis dependerá de la causa y de si se ha producido una infección o no. En este último caso la elección del tratamiento (antibióticos, antifúngicos, etc.) dependerá de cuál sea el microorganismo que la ha originado, pudiéndose administrar por vía oral, supositorios vaginales o mediante aplicación tópica en vulva e interior de la vagina.

Finalmente, también hay que destacar que uno de los síntomas característicos de la menopausia, la sequedad vaginal, puede favorecer la aparición de vulvovaginitis. Y en la actualidad existen numerosos tratamientos disponibles para tratar este problema de forma eficaz.
No obstante, el mejor tratamiento para la vaginitis es la prevención, que ha de iniciarse con una correcta higiene vaginal: no se deben utilizar jabones, ni duchas vaginales y se debe proceder a secar la vulva con suavidad. También hay que evitar la aplicación de aerosoles y sustancias que puedan resultar irritantes, así como utilizar topa lo suficientemente holgada y de tejidos que permitan la transpiración y sean absorbentes.

Por supuesto, si no se tiene una pareja estable, las relaciones sexuales se deben mantener con protección (uso de preservativos).

 

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