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Los avances médicos en el control del dolor han permitido el surgimiento de esta novedosa disciplina que, entre otras cosas, permite que los pacientes con enfermedades de larga duración o de tipo terminal, vivan con mayor normalidad.

El dolor nació con el hombre, y éste, desde tiempos remotos, luchó con ayuda de su intuición y su racionalidad para tratarlo con plantas de las que después se extrajeron importantes compuestos (analgésicos); por ejemplo, la amapola dio origen a la morfina, el sauce al ácido acetilsalicílico, el café a la cafeína, la marihuana al tetrahidrocanabinol, y la cocaína a la procaína y xilocaína. Con el paso de los años se descubrieron anestésicos como el éter, en tanto que los barbitúricos marcaron el surgimiento de la anestesia y permitieron avances en el campo de la cirugía.

En la década de 1970, cierta demostración científica realizada en Estados Unidos puso de manifiesto que el encéfalo produce sustancias (endorfinas y encefalinas) capaces de controlar efectivamente el dolor con mayor potencia que la morfina. Posiblemente este suceso impulsó el surgimiento y desarrollo, durante el decenio 1980-90, de la Algología (del griego algos , dolor y logos , tratado), como rama importante de la Medicina que para muchos anestesiólogos representa una subespecialidad.

Después de su nacimiento, su uso se intensificó tras la necesidad de enfrentar al dolor crónico que sufren pacientes con distintas enfermedades en columna vertebral, cáncer, diabetes y artritis, entre otras, y que es un síntoma desgastante que desequilibra a cuerpo y mente, produciendo daño no sólo al afectado, sino a sus familiares, provocando grandes pérdidas económicas a causa de los tratamientos y medicamentos que se requieren.

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