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Millones de mujeres en el mundo se hacen mamografías rutinarias. Pero ¿hasta qué punto salvan vidas estas pruebas? Un nuevo estudio vuelve a cuestionar su utilidad, y esta vez con datos muy reveladores.

Considerada durante décadas el paradigma del diagnóstico precoz del cáncer, un estudio canadiense pone ahora en cuestión la utilidad de las mamografías rutinarias.Publicado en la revista médica British Medical Journal, su resultado está encendiendo más que nunca el ya enconado debate en torno a la verdadera utilidad de estas pruebas. Iniciado en la década de 1980, este estudio incluía dos grupos de 45.000 mujeres cada uno.

A las del primer grupo, se les realizó una mamografía anual, además de una exploración mamaria, tal como recomiendan las guías desde hace años. Las otras 45.000 mujeres solo se hicieron la exploración. El estudio realizó un seguimiento durante 25 años para conocer la incidencia de la mortalidad por cáncer de mama en cada grupo. Los resultados no dejan espacio a la especulación 3.200 diagnósticos de tumor mamario maligno en el grupo de la mamografía y la exploración física, frente a 3.133 diagnósticos de tumor mamario maligno en el que solo se realizó la exploración.

Nuevo arsenal terapéutico 

Lo más sorprendente de esta investigación es que la mortalidad por cáncer de mama era exactamente igual en ambas agrupaciones. Ahora bien, si como revela este trabajo las mamografías no reducen la mortalidad por cáncer de mama, la pregunta que hay que plantearse es: ¿ha llegado el momento de interrumpir los programas de “screening” con mamografías? ¿Habría que dejar de invertir fondos y recursos en una prueba cuya utilidad está científicamente cuestionada?

Ante los nuevos datos, la opinión está más polarizada que nunca entre los expertos que piensan que realizar esta prueba de forma rutinaria salva vidas y un creciente número de investigadores que creen que no hay pruebas científicas sólidas a favor de esa recomendación. Mientras, para las mujeres que, cita tras cita, acuden a realizarse su mamografía, los nuevos datos provocan confusión e incluso enfado. “Para entender bien el auténtico papel preventivo de las mamografías, es importante tener en cuenta los grandes avances en el tratamiento del cáncer de mama que han tenido lugar en los últimos años”, explica el dr. Jesús García-Foncillas, director del Instituto Oncológico del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. “Con la incorporación de los nuevos medicamentos biológicos y las nuevas formas de quimioterapia al arsenal de tratamientos, la supervivencia ha aumentado notablemente, y eso nos ha situado ante un nuevo escenario. Es importante explicar que no todos los cánceres de mama son iguales y que existen distintos subtipos”, acaba diciendo el dr. García-Foncillas.

Diagnóstico personalizado 

Lo más crítico es que todos estos tipos y subtipos distintos conllevan patrones de crecimiento y agresividad diferentes, y deben ser tratados según sus características biológicas. Lamentablemente, hoy por hoy no existe ninguna prueba diagnóstica que nos permita saber cuáles de los tumores detectados corresponden a ese porcentaje de cánceres agresivos donde la detección temprana se asocia a un mejor pronóstico. Posiblemente, de la misma manera que se ha ido personalizando el tratamiento del cáncer habrá que plantearse individualizar y desarrollar nuevas estrategias en el diagnóstico precoz.

“Las mamografías no pueden distinguir entre los cánceres progresivos y no progresivos”, concluía en 2012 un estudio de la Universidad de Harvard (EE.UU.). Esta investigación añadía que estas pruebas podían dar lugar a un número significativo de sobrediagnósticos de tumores que no hubieran puesto en peligro la vida de las pacientes.

Intereses económicos

Basándose en un estudio noruego realizado con casi 40.000 mujeres de entre 50 y 69 años, los expertos estimaron que hasta el 25% de los cánceres de mama podrían estar sobrediagnosticados. “Se ha entrenado a los radiólogos para detectar el máximo de tumores, incluso los más pequeños, con la idea de curar el máximo de cánceres”, declaraba entonces Mette Kalager, investigadora de Harvard y del Telemark Hospital de Noruega. “Este enfoque conlleva un problema para las mujeres: diagnósticos y tratamientos de cáncer de mama que no provocarían síntomas ni supondrían riesgo de muerte”, añadía tajante.

No han faltado voces que denuncian intenciones de ahorro para el sistema sanitario por parte de los detractores de las mamografías. Otros citan, por el contrario, los intereses económicos del “enorme entramado del cáncer de mama”, que refuerza su posición cada vez que una mujer con un sobrediagnóstico de cáncer mamario se convierte en una “superviviente”. La gran pregunta que se hacen los oncólogos clínicos es si los nuevos tratamientos del cáncer de mama no tienen un papel más importante en la supervivencia que la práctica de las pruebas rutinarias.

“A la luz de los datos acumulados, es importante que las mujeres comprendan que estamos ante una decisión trascendente –puntualiza el dr. García-Foncillas–. El esquema de diagnóstico precoz y seguimiento de pacientes ya diagnosticadas con mamografía requiere de nuevos estudios que permitan considerar otras opciones que tengan en cuenta el riesgo de cada una de las pacientes. La búsqueda del equilibrio entre los beneficios y los riesgos es la ley en Medicina y en Oncología. Y esto es algo que tenemos que aplicar tanto a los tratamientos como a las pruebas diagnósticas”.

La radiación no es inocua 

Si bien se ha difundido el mensaje de que las bajas dosis de radiación de las mamografías rutinarias no son suficientes para aumentar el riesgo de cáncer, nuevas investigaciones indican que el riesgo de dichas radiaciones ha sido infravalorado. La radiación cambia el entorno de las células mamarias y aumenta el riesgo de mutaciones en ellas, mutaciones que son transmisibles a través de la división celular. La idea de que las células se comunican entre sí y con su entorno ha tardado en calar en la comunidad científica.

El cáncer de mama en España 

Incidencia. Con 25.215 casos diagnosticados en 2012, este tipo de tumores son los cuartos en incidencia.

Diagnóstico. Es fundamental hacer un diagnóstico temprano, a través de revisiones periódicas y autoexploración.

Pronóstico. Tiene una tasa de más del 87% de curación. Pasados 10 años, el 85% de las mujeres que lo han sufrido sigue viva.

Tratamientos. Abrió la puerta a la medicina personalizada. El primero de esos medicamentos fue trastuzumab (Herceptin), para tumores HER2+. Ha logrado una curación superior al 90%.

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