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Inicialmente, la respuesta de tu bebé ante un sonido dependerá en parte de su temperamento. Algunos bebés parecen ser más sensibles; pueden reaccionar más a ruidos fuertes que los bebés con personalidades más tranquilas.

También depende de lo que haya oído mientras crecía en el vientre materno. Tu bebé ha estado oyendo el rumor amortiguado de tu mundo desde las 24 semanas de gestación. Si durante los nueve meses de embarazo oía con frecuencia a su hermano correr por la casa gritando, o a su papá practicando con los bongós, esos sonidos se volvieron familiares para él. No lo perturbarán cuando los escuche en la vida diaria. De hecho, probablemente pueda dormir con ellos. Por otro lado, los sonidos nuevos pueden asustar a un recién nacido y hacerlo llorar. No obstante, una vez cumplidos los tres meses, quizás ni pestañee al escuchar el mismo sonido, y un mes más tarde es posible que voltee la cabeza hacia el origen del sonido.

Acudir con un audiólogo ayudará a prevenir complicaciones en el desarrollo auditivo de tu bebé.

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