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vitaminas

Ahora que la modernidad y el libre intercambio de mercancías entre países nos ha dado la oportunidad de tener acceso a productos de cualquier parte del mundo y nos vemos ante la disyuntiva de escoger entre una amplia variedad de frascos de vitaminas, minerales, proteínas y antioxidantes de diferentes fórmulas, marcas y precios, adicional a la oferta fabricada en nuestro país, surge la pregunta sobre cómo seleccionar eficazmente un complemento vitamínico.

Y es que basta con acercarnos al mostrador de cualquier farmacia, comercio especializado en vitaminas o tienda naturista para observar la enorme cantidad de complementos, bajo las más distintas concentraciones y para los más distintos propósitos, muchas veces con la presión de un empleado que sabe menos que nosotros sobre el tema, para darnos cuenta de la importancia de nuestra selección.

La oferta ilimitada y sin control de complementos alimenticios más que una ventaja puede convertirse en un grave problema de salud, tanto en la esfera personal como pública, si no somos conscientes de los riesgos a que los consumidores estamos expuestos ante productos mal diseñados y manufacturados, carentes de pruebas y análisis, elaborados con sustancias de mala calidad, ausentes de los nutrimentos ofrecidos y en muchos de los casos con alto contenido de impurezas metálicas e incluso contaminados por bacterias.

De acuerdo a la oficina norteamericana encargada de supervisar los estándares farmacológicos (USP), un setenta por ciento de los más de quince mil productos que se ostentan en el mundo como complementos nutrimentales al ser sometidos a pruebas de impureza, degradación e idoneidad, así como a protocolos analíticos, clínicos, farmacéuticos, revelan que son de mala calidad, no cumplen con los contenidos ofrecidos en su fórmula, presentan impurezas y en muchos casos representan un riesgo para la salud.

Del mismo modo una investigación realizada por el Hospital Yale New Heaven corroboró que de un universo de 257 productos vitamínicos evaluados sólo 49 de ellos fueron considerados adecuados. El resto presentaba proporciones equivocados de nutrientes, muchos de ellos con proporciones menores de las vitaminas consideradas caras o sin las sustancias que dicen en la fórmula contener.

Lo anterior aunque en muchos casos puede representar un engaño o para decirlo claramente una estafa al bolsillo del consumidor, cuando no un producto nocivo para nuestro organismo, debe movernos a ser cuidadosos en nuestro consumo de los complementos nutrimentales y a seguir una serie de reglas que nos permitan confiar en el producto que consumimos.

• Primero que nada cerciórese que el producto que va a adquirir fue elaborado por un laboratorio de reconocido prestigio.
• Prefiera los artículos que ostenten la etiqueta con las siglas USP o FDA, para asegurarse que el producto fue verificado por la máxima autoridad en materia de certificación farmacológica, aunque sabemos que los complementos no son considerados una medicina.
• Asegúrese que el fabricante garantice por escrito en la etiqueta la potencia y pureza del producto.
• Compare productos y evite aquellos con muy poco o demasiado de los ingredientes claves.
• Revise la fecha de caducidad del producto. Sus ingredientes pueden ser menos efectivos conforme se aproxima el tiempo límite.
• Evite las vitaminas líquidas o en spray, son menos eficaces que las pastillas.

Recuerde que los complementos son un auxiliar de la alimentación y en ningún caso la sustituye. Acuda a su médico si usted experimenta algún grado de fatiga o debilidad, el profesional de la salud le diagnosticará y en su caso prescribirá un complemento acorde a su condición y estilo de vida.

En caso de estar consumiendo algún complemento alimenticio examine la etiqueta, verifique no ser alérgico a algún componente, conserve el frasco en algún lugar templado y seco, y acuda a su médico en caso de alguna reacción

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