Cuando la vida nos ha marcado.

Posiblemente nos sea familiar la frase: Recordar es volver a vivir”. Frase que al referirse a los recuerdos hermosos de antaño o de nuestra infancia pueden generar mucha satisfacción, pero ¿qué sucede cuando estos recuerdos son dolorosos, difíciles de manejar?. La frase aplica del mismo modo, recordar es volver a vivir el dolor y la perturbación que nos generó en su momento.
Si revisas tu vida en retrospectiva, posiblemente tengas una idea general de si ésta ha sido más satisfactoria que dolorosa. En ocasiones tal vez esto no sea tan claro, en otras posiblemente nuestra impresión sea de que hemos vivido más adversidades y dolor que cosas positivas y placenteras. La relevancia de esto reside en que la calidad de vida, el bienestar emocional e incluso la salud mental se relacionan directamente con la ausencia o presencia de experiencias traumáticas y el procesamiento de éstas en el cerebro.
Los Traumas Psicológicos
Un trauma psicológico se refiere al estado resultante de una situación en la que las personas experimentan un alto grado de perturbación emocional (tristeza, dolor, ira, miedo, etc). Estos altos grados de perturbación o de intensidad en emociones desagradables saturan el Sistema de Procesamiento de Información del Cerebro, resultando en un almacenamiento desadaptativo o disfuncional de las experiencias, un trauma psicológico. Los traumas se caracterizan por recuerdos saturados de información desadaptativa tales como emociones perturbadoras, pensamientos autoreferentes disfuncionales, sensaciones físicas y fisiología desagradable y en ocasiones la fragmentación de los recuerdos (en casos de extrema perturbación). Situaciones aisladas como accidentes, crímenes (siendo la víctima) como intentos de homicidio, asaltos, abuso sexual, desastres naturales, etc. pueden resultar en traumas psicológicos generando cuadros clínicos como de Estrés Postraumático, Estrés Agudo o Continuado, etc. Sin embargo situaciones de vida como ambientes hostiles, relaciones negativas con los padres u otros eventos en la historia del desarrollo también pueden constituir traumas; por ejemplo, algún padre con problemas de alcohol y violencia, un ambiente depresivo en casa durante muchos años, abuso físico en la escuela (bullyng), separación o divorcio de los padres.
¿Cómo nos afectan?
Las consecuencias de las experiencias traumáticas pueden ser múltiples e impactar fuertemente en nuestra calidad de vida. En los casos más extremos se desarrolla sintomatología clínica susceptible a ser diagnosticada como el caso del Estrés Postraumático, Trastornos del Estado de Ánimo como la Depresión y la Distimia. Los Trastornos Alimentarios (Anorexia-Bulimia), Los comportamientos adictivos y los trastornos de ansiedad también pueden tener su origen en Traumatología Psicológica. En otros casos el impacto puede verse reflejado en fuertes inseguridades personales o en el autoestima, así como en dificultades para manejar situaciones específicas como relaciones interpersonales o de pareja, laborales, sociales, etc. 
¿Qué hacer? 5 Recomendaciones.
1.- Revisa en retrospectiva tu vida. El primer paso es evaluar nuestra vida y experiencias de la forma más equilibrada posible. Centrarse solamente en lo negativo y doloroso de nuestra historia hará que el panorama presente  y futuro sea muy desalentador. En  nuestra vida también ha habido momentos placenteros y cosas positivas, relaciones sanas y figuras de afecto. ¿qué papel le hemos dado a ello?, escribe tu autobiografía, es un ejercicio muy útil.
2.- Vincula o relaciona. Comprender la forma en la que se relaciona nuestra situación emocional y mental con nuestras experiencias de vida, en particular las traumáticas nos permitirá tomar un mejor control de las situaciones presentes.
3.- Identifica. Encuentra en tu historia los eventos o circunstancias significativas, tanto los positivos (para reforzarlos) como los negativos (para trabajarlos). Es decir encuentra en tu historia tus propias experiencias traumáticas. Aquellas que “sabemos” nos dolieron mucho, o que al recordarlas a consciencia aún generan alguna perturbación física o emocional, es decir, las que “siguen doliendo”.
4.- Cura. Debemos asumir que somos responsables de nosotros mismos, por lo tanto si algo nos duele, nos toca a nosotros mismos curarnos, sin hacer responsable a otros de nuestra vida, historia o emociones. Actualmente terapias como el EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por movimientos oculares) es la más reconocida y con fundamentos científicos para trabajar la memoria traumática y reprocesar todas las experiencias que representen traumas psicológicos. Al final del artículo dejo un link con más información de cómo trabaja esta terapia.
5.- Aprende. El resultado de todas nuestras experiencias (buenas y malas) debe de ser el aprendizaje, es adaptativo y funcional aprender de nuestras experiencias pasadas. Por supuesto, esto es posible cuando dichas experiencias ya no representan un trauma psicológico debido a que se han trabajado en algún proceso de terapia EMDR u otra Psicoterapia.

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Fuente:
MIGUEL CAAMAL MARTIN, Ph.D.